Cinco años de desierto y una pandemia

Esta frase es la única que se nos ocurría para ilustrar la ruta recorrida, desde que empezáramos a andar hace ya seis años, cuando hoy nos pedían las compañeras de Emaús Internacional que explicáramos ese camino que nos ha traído donde hoy estamos.

Habíamos calculado que la travesía por el desierto que supone el inicio de cualquier proyecto duraría dos, tres años a lo sumo, el tiempo, en todo caso, que duran en disiparse las ilusiones con las que se inicia cualquier proyecto nuevo, pero la cosa se había estirado cinco años dedicados a: trabajar mucho, presentar papeles, esperar resoluciones, seguir trabajando mucho, volver a echar papeles y volver a esperar resoluciones y así en un continuo bucle que parecía no acabarse nunca.

Mientras, la vida seguía y, en la medida en que hemos ido teniendo posibilidades, os la hemos ido contando en este blog: felices encuentros y tristes despedidas, una historia compartida cada vez de una manera más estrecha por todas las que formamos parte de este colectivo y en la que hemos ido sacando de nuestras mochilas piedras que nos impedían caminar bien, recuerdos que nos conectan con lo que somos (para bien y para mal), miedos e ilusiones que bloquean o impulsan la promesa de un futuro en el que superemos cada una de esas cosillas y cosazas que nos han impedido hasta ahora ser libres, felices… Vayan al final de este blog, que es donde están las primeras entradas de esta historia (porque así funcionan los blogs) y, si tienen curiosidad, vayan recorriendo los hitos que hemos ido compartiendo sobre este empeño nuestro de salir de las situaciones de dificultad que sufrimos, desde nuestro propio trabajo, viviendo de aquello que nadie quiere, la basura.

Si no les apetece ese esfuerzo les resumimos esa vida que seguía y que hemos ido contando es este blog (en la medida en que hemos ido teniendo posibilidades) y que es la que explica que se aguante ese continuo bucle, que parecía no acabarse nunca y que hizo que lo que iba a ser una travesía en el desierto de un par de años terminara durando cinco y que, cuando parecía que iba a terminar, nos diéramos de bruces con una pandemia, que incluso nos sintamos agradecidos por lo vivido, porque la calle nos enseñó a caminar, a perder el miedo y descubrimos el poder del apoyo mutuo y el de un traje de payasos, aprendimos a tomar decisiones colectivamente, recorrimos tres mil trescientos treinta y dos kilómentros, nos encontramos una serpiente en la primera nave en la que trabajamos, hemos “perdido” 18.720 minutos en saludarnos y compartir cosas de todo tipo antes de entrar a trabajar: desde la historia del niño que cantaba el “Cara el Sol” para hacer rabiar a su abuela hasta las historias que hay detrás de los procesos migratorios, pasando por las pupusas salvadoreñas o las bellotas andaluzas, nos hemos formado en cuestiones de genero, economía doméstica, Derechos Humanos, en cómo hacer mejor nuestro trabajo (conociendo los procesos de gestión de residuos , RAEE…..) , sobre Economía Social, globalización, migraciones, el movimiento Emaús…, hemos expresado , aunque parecía que la política daba igual, nuestro punto de vista sobre las situaciones de pobreza, sobre el Cambio Climático, sobre los Derechos Humanos y el auge del fascismo, sobre el imperativo de la acogida en nuestras vidas, hemos hecho este viaje con la compañía de las compañeras y compañeros de otros grupos de Emaús España, Emaús Europa y Emaús Internacional y de amigas y amigos que nos han apoyado en Huelva, avalando los créditos que hemos pedidos a la Banca Ética, colaborando económicamente o realizando tantas tareas…, abrimos nuestro primer rastro, hemos echado de menos a quienes han estado un tiempo fuera por motivos de salud, hemos explicado una y otra vez por qué cobramos por nuestro trabajo, hemos colaborado con otras entidades de Economía Social como Desatando Ideas, Consumo Gusto o todas las que han participado en el Mercado Social de Huelva y Andalucía, hemos compartido nuestras ideas sobre un sistema demencial que cada vez genera más residuos (textiles, de madera, RAEE, libros…), apostando por la reutilización nos han visitado los Mil Solidarios desde el Bañado Sur de Asunción, en Paraguay, Iguales en Acción desde Cádiz…, hemos parado los 8 de marzo, hemos expresado nuestra solidaridad con el Sáhara y con otras realidades, nos incorporarmos a REAS, AERESS y Emaús, hemos intentando cuidar los detalles, hacer las cosas bien, hemos pasado del 2015 al 2016, del 2016 al 2017, del 2017 al 2018, del 2018 al 2019, del 2019 al 2020, ese año en el que tuvimos que aletargarnos como los caracoles, cerrar temporalmente por una pandemia, volver al acarreo con tanta ilusión como miedo.

Es año que da paso a un 2021 que parece que nos sitúa en una posición en la que podremos hacer aquello que dice el Manifiesto de Emaús: servir primero al que más sufre y seguir disfrutando de un camino que nos hace crecer como personas y como colectivo, aunque sea desde la resistencia.

 

Un comentario

  1. El desierto casi siempre mata, pero hemos logrado atravesarlo como Oris, aunque, al igual que ella, dejando compañeros por el camino, algunos en oasis y otros en desfiladeros, al borde del precipicio.

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