La paga

Consiguió la paga.

Sólo hizo falta llegar a España y que se la concedieran.

Cierto es que para llegar a España tuvo que dejar atrás su tierra y eso fue triste.

Dejar atrás su tierra fue doloroso porque allá dejó a su madre, su padre y a sus hermanas, sus vecinas y vecinos, sus amigos y amigas… y muchos buenos recuerdos. Pero ahora que había conseguido la paga sintió que merecía la pena.

Para conseguir esa paga sólo hizo falta que llegara a España, después de esas despedidas y después atravesar el desierto embarazada, ver cómo cinco compañeros de viaje perdieron la vida en ese maldito desierto y parir en el justo momento en el que había terminado de atravesarlo.

Pero ahora tenía la paga porque había logrado llegar a España después de dejar su pueblo, atravesar el desierto, parir y permanecer en Marruecos, ya sin ahorros, retenida y obligada a trabajar de aquella manera durante más de un año, expuesta a los caprichos de las mafias, creyendo que su viaje terminaría allí, que aunque sobrevivió al desierto no lograría sobrevivir a las palizas de aquellos bestias si no se plegaba a su voluntad y que nunca lograría montarse en un barco que le permitiera atravesar el Mediterráneo.

Ahora que consiguió la paga casi logró olvidar todo eso: la despedida de sus lugares y sus seres queridos, el duro viaje a través del desierto, la larga espera en Marruecos y la travesía (que recordaba casi como una mala pesadilla) por ese mar negro durante esas tres oscuras noches que pasó en aquella barcaza y del que, ni siquiera cuando amanecía, logró reconocer más matices ni formas que los de un profundo peligro al que prefería no mirar y en el que vio como perecían cinco compañeros de viaje, en el que también estuvo a punto de perder a su hijo que ya tenía un año y en el que, si no llegan justo a tiempo los de Salvamento Marítimo, ella también habría perecido.

Por fin consiguió la paga, ya quedó atrás ese infernal viaje y los primeros momentos en Europa, el miedo, las imágenes y las palabras que no entendía, la dificultad para discernir entre los que querían ayudarle y los que querían devolverla al punto de partida, el encierro, sin entender nada, en el CIE, el viaje en autobús a Cuenca donde dejaron a ella, su hijo y su marido en la calle sin ninguna explicación y sin que aún entendiera algo, el viaje a Huelva donde alguien les dijo que sería fácil encontrar trabajo y donde tenían un familiar que los acogió los primeros meses, los cinco años de irregularidad en los que sobrevivieron gracias a los pañuelos que vendía su marido y los trabajos que hacía este en campos en los que los capataces no reparaban en menudencias como hacer contrato a los obreros. Cinco años casi encerrada en casa por miedo a que la policía le detuviera y le devolviera a Nigeria y con miedo a que fuera su marido el que no volviera porque había sido él al que habían devuelto y con miedo a que le separaran de su hijo.

Ya cobró la paga porque después de todo eso tuvo la suerte de que alguien le hablara de una asociación que ayudaba a gente que lo estaba pasando mal y ella lo estaba pasando muy mal. Ese alguien que le habló de la asociación ya le había ayudado en los trámites para meter al niño en la guardería y en arreglar los papeles para el médico y era, por tanto, alguien en quien confiar. Y fue a esa asociación y le hablaron de cosas que no entendía muy bien entre las que entendió algo de unos cursos. Le dijeron que le vendría bien, que le hacía falta aprender español y algún oficio. Y que necesitaba salir de casa, conocer gente… Accedió y de pronto se encontró aprendiendo cosas que no había imaginado en su vida: carpintería, costura, atención comercial, logística, reciclaje… y enseñando también, porque comprendió que ella podía aportar muchas cosas en ese lugar al que había llegado. Y cuando terminó ese proceso de formación los de la asociación le dijeron que si quería vivir de su trabajo, que si quería vivir de la basura y ella dijo que claro, que cómo no. Y gracias a tener ese trabajo pudo tener papeles y perdió el miedo, definitivamnominaorisente, a salir de casa.

Y ahora sí, ahora por fin. Ahora, después de salir de su país y llegar a España pasando todas esas peripecias y después de unos meses trabajando con las traperas y los traperos se iba de vacaciones y cobraba su primera paga, la extra de verano.

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