Volver al acarreo

Cuando uno está pasando una situación difícil añora hasta lo peor de los viejos tiempos. Puede que por eso, cuando durante el confinamiento manteníamos alguna de esas reuniones a través de la pantalla (¡cuanto hemos aprendido de golpe sobre el dichoso teletrabajo!), decíamos que echábamos de menos una buena recogida de sofás desde un cuarto sin ascensor.

Pues ya estamos en ello.

Despues de dos meses de confinamiento hemos vuelto a abrir, pero las cosas han cambiado. La sociedad está en shock y eso se nota en la calle. Estamos sufriendo un duro golpe y no estamos para muchas lindezas.

Aun así nos podemos sentir privilegiados: en nuestro grupo no ha habido ningún caso hasta ahora afectado por la dichosa enfermedad, nuestra provincia ha sido poco castigada, de momento, por el virus y tenemos un sistema sanitario que ha sido capaz de amortiguar gran parte del golpe que este nos ha infringido. Las medidas de confinamiento impuestas por el gobierno han sido estrictas, pero han venido acompañadas por un paquete de medidas sociales a las que nos hemos podido acoger y que han hecho que ningún miembro de nuestro colectivo pase necesidad. Subrayamos ese sentirnos privilegiados porque vemos cómo hay muchas partes en el mundo donde no es así: donde incluso se tienen que plantear elegir entre la enfermedad o el hambre. En ese sentido estamos muy pendientes de lo que nos transmiten los grupos de Emaús de la India, de América Latina… incluso algunas partes de Europa. Las noticias son descorazonadoras pero la solidaridad y las acciones de apoyo comunitario no paran de crecer.

Nuestro grupo, ahora, vuelve a abrir y tanto las posibilidades de “tirar adelante” como de participar en ese importante movimiento de solidaridad vuelven a depender de que confiéis en nosotros: llamadnos para trabajar, visitadnos para hacer vuestras compras (ya sabéis: ropa, muebles, libros, electrodomésticos…).

Vivimos de nuestro trabajo y os aseguramos que el acarreo se nos da mejor que a Ross y sus amigos:

Y tratamos todas las cosas que nos llegan con mimo para que podáis tener la tranquilidad de que esos muebles, ropa (ahora que empieza “la caló” seguro que necesitáis camisetas, ropa de verano…), objetos… que necesitáis o que pueden necesitar otras personas, están en perfecto estado de uso y cumplen todas las medidas higiénicas y sanitarias que son necesarias para que todo el mundo pueda estar completamente tranquilo.

El acarreo con mascarilla no es fácil, el no poder abrazarnos, el no vernos las caras… tampoco, pero nos sentimos afortunadas y afortunados por volver a nuestro día a día, a nuestro trabajo, nuestras quejas por las estrecheces de las escaleras cuando bajas un sofá, nuestras conversaciones en la furgoneta…. Como también nos sentimos con la suerte de irnos reencontrando con todas las amigas y todos los amigos que hemos ido haciendo en este tiempo y que ya confiáis en nuestro trabajo.

 

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