Contra el ascensor

Conmemorando con retraso el Día de los Derechos Humanos

Los irrelevantes, las irrelevantes, las que no contamos… seguimos dependiendo de nuestro trabajo, del apoyo mutuo y de la solidaridad para sobrevivir, para sentirnos importantes, para que se cuente con nosotros y nosotras y para que se nos respete.

Y no se trata de eso que cuentan del ascensor social (ese que, además, según dicen ahora, resulta que está roto). Se trata de que todas y todos disfrutemos de los mismos derechos. No queremos subir a plantas más altas del la sociedad, si eso implica que abajo se quede gente que no disponga de las condiciones mínimas para vivir con dignidad, queremos que, como dice la Declaración Universal de Derechos Humanos, todos y todas seamos iguales en derechos y dignidad. Y eso no tiene nada que ver con ascensores sociales.

Podríamos caer en engaños varios, estafas que pretenden hacer creer al personal que ganar dinero es muy fácil, en los señuelos de la publicidad, en las triquiñuelas de las casas de apuesta… Podríamos seguir los alegatos de los influencers y gurús de la comunicación que alientan la posibilidad de hacerte un hueco en las redes sociales y convertirte en uno de ellos, pero no, para que nosotros y nosotras nos hagamos un hueco en la sociedad, consigamos los recursos suficientes para sobrevivir y salgamos de las distintas situaciones de dificultad en las que nos encontramos, necesitamos del trabajo, la solidaridad y el apoyo mutuo.

No, las que estamos abajo dependemos de levantarnos muy temprano todas las mañanas, hacer como que los dolores que castigan nuestro cuerpo no existen, pasar el día acarreando, cargando, sentados delante del ordenador, descargando… Dependemos del encuentro solidario con otras personas que, como nosotros, se levantan muy temprano todas las mañanas para acarrear, a ir a la oficina, dar clase, limpiar las calles o un hotel, recoger fruta, cuidar a nuestros enfermos… Dependemos del apoyo de la persona que tenemos al lado, no solo para sacar adelante el tajo, si no también para encontrar un hombro en el que verter nuestras lágrimas en las tristezas, un espacio en la que compartir las risas y las alegrías, un oído que nos escuche nuestras dudas… No dependemos de ningún ascensor. Bueno, sólo cuando tenemos que bajar un sofá de un sexto piso, entonces un poco sí dependemos del ascensor.

Por eso creemos que esos tres pilares desde los que queremos construir este espacio de crecimiento al que llamamos Traperos de Emaús (repetimos: el trabajo, la solidaridad y el apoyo mutuo, por si no habían quedado claro) son tan importantes. Porque, según entendemos, son una sólida base desde la que construir una sociedad en la que se cumpla de verdad la declaración Universal de Derechos Humanos. Aunque esta entrada del blog esté escrita a destiempo y debiera haber estado publicada hace ya más de 10 días.

Corren tiempos oscuros y parece difícil que nuestra sociedad avance en esta dirección, pero si miramos a nuestro alrededor podemos encontrar signos de que sí lo hace, como este homenaje en el que se demuestra que los fascistas no lograron silenciar a Víctor Jara:


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