¡Feliz 2022!

Hay muchas cosas que hacen en los sintamos satisfechos de lo que hemos logrado este 2021. Buscaremos algún rato para hacer un balance más sosegado, pero ahora queremos echar una última mirada agradecida a esta habitación que cerramos con los mejores deseos de que la habitación 2022 nos traiga lo mejor:

Hemos logrado llegar a final de año debiendo algo menos de lo que debíamos a principios, hemos ampliado la jornada laboral, hemos emprendido nuevos proyectos, esa Enredadera, esos mercadillos…, hemos respondido a todos (o casi) los trabajos que nos habéis solicitado, hemos llegado vivos, sanos y vacunados al final del este pandémico año, el regreso de las asambleas presenciales, todas y cada una de las personas que han compartido algo de su tiempo con nosotras y nosotros, las que compartieron unas prácticas, como Pedro, Joaquín, Basher…, unas horas, unos días o unos meses de trabajo, un voluntariado como Carmen, Carlota, Luis…, las que nos visitaron, como Adela y Pepe, Alexis, Javi, Lourdes…, hasta de Honduras nos han visitado, nos acordamos de las veces que hemos salido el periódico, en la tele, la radio…, hemos colaborado con los grupos de Emaús de India en momentos muy oscuros por aquellas tierras y con los Mil Solidarios de Paraguay en un proyecto del que esperamos aprender mucho, hemos estado en Galicia, acogidas por las compañeras de Boa Vida para la Asamblea de Emaús España, hemos editado los tres primeros números de nuestro boletín…

No vamos a negar que ha sido difícil (¡qué pechá de trabajar! ¡Qué difícil a veces entendernos entre nosotros! ¡Qué difícil se hace a veces bregar con las heridas que nos ha dejado la vida!…) ni, por supuesto, que alrededor nuestra encontramos una una degradación ambiental creciente, las profundación de las desigualdades, el enquistamiento de los asentamientos chabolistas…

Pero precisamente esas siguen siendo las razones de nuestro quehacer: de puertas para adentro hemos encontrado las pistas suficientes como para creer que es posible construir alternativas a esos desastres.

Así que, lo dicho, cerramos la puerta de 2021 y abrimos las de 2022 con los mejores deseos y con el compromiso de seguir construyendo una sociedad en la que no sobre nadie, que no se dirija suicídamente hacia el desastre ambiental y en la que los abrazos dejen de ser un peligro y vuelvan a ser tan curativos como siempre lo fueron.

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